sábado, 14 de agosto de 2010

A tres mil años luz de soledad

-¿Cómo es posible que cuando hay un espacio lleno de gente te puedas sentir tan solo? ¿Será que la soledad es el otro yo que siempre acompaña y esconde al primer yo para que se sienta solo? ¿O se trata de un impulso natural del cerebro que limita la concentración a lo que se encuentra dentro y enturbia todo lo que nos rodea?

Dante podía continuar con sus cuestionamientos, una vez más habían surgido dudas como atraídas por la oscuridad de la noche, pero decidió que lo mejor era levantarse y continuar el cuento que había comenzado hacia ya tres semanas pero no podía concluir, escribía partes durante la madrugada cuando la fuente de pensamientos se accionaba trastornado al hombre común que aparentaba ser.
Cuando por fin consiguió la suficiente determinación para levantarse, se dio cuenta de que sus piernas estaban trazadas delicadamente con lápiz que al decir del color era del dos y medio, no obstante se movía con la misma ligereza que siempre, sus pies tocaron el piso y levantando la mirada vio que todo estaba en su lugar; la ropa sucia que había usado el día anterior seguía tirada cerca de su bote que asemejaba un helado escurriéndose por la cantidad de ropa que brotaba de él; la ventana que daba a la calle, empañada por el frio que estaba haciendo; el librero de caoba rebosante de libros viejos cubiertos por una ligera sabanita de polvo; Alicia en el país de la maravillas, abierto a la mitad que se encontraba a la misma altura de su cama sobre el buró; en el escritorio, lleno de achaques como el abuelito que lo había confeccionado hacía ya 96 años, reposaban cómodamente cientos de papeles con un ordenado desorden, justo en medio se encontraban una hoja en blanco y un lápiz bien afilado; todo estaba como siempre, la única diferencia era que estaban trazados con lápiz.
Dante no podía creer lo que sus ojos le mostraban, ¿cómo se había convertido de pronto en un dibujo?, había preguntas que siempre se hacía y no tenían respuesta, pero esta era la pregunta más desesperada que jamás se hubiera formulado en su complicada mente.
Permaneció sentado en su cama, tratando de explicarse qué había sucedido.
Hizo memoria de lo que había hecho el día anterior.
Había asistido como todos los días a su trabajo donde un cliente le había gritado delante de todos:
-El mundo tiene sus propios pies y manos que mueve para enloquecer a todos haciéndonos sentir solos sin que nos demos cuenta- acto seguido salió tranquilamente sin que le acabara de explicar que todos sus bienes serian recogidos por el banco pues le debía una fuerte suma de dinero.
Saliendo de su trabajo sintió deseos de ver a su madre a quien no había ido a visitar desde hacía más de un año. Ella le abrió la puerta sin decir nada ni mostrar asombro y volvió enseguida a sentarse en su sofá a ver la telenovela, Dante dejó el pan que había comprado sobre la mesa y se sentó a su lado esperando a que le dijera algo, pero eso no sucedió, la telenovela terminó y su madre apagó el televisor.
Se levantó y mientras calentaba caldo de pollo en la estufa le dijo:
-¿No has pensado hijo que todo lo que nos pasa, sea lo que sea, lo hacemos estando siempre solos?
Dante quiso contestar, pero la verdad era que no tenía ninguna respuesta para esa pregunta así que sólo se sentó a la mesa y comió lo que su madre le servía. Al finalizar, se despidió dándole un beso en la frente y tomó el microbús que extrañamente sólo llevaba a tres personas incluyéndolo a él, cosa rara pues a esas horas de la noche solía ir bastante lleno. El chofer subió el volumen de su radio, un reportero daba una noticia:
-Este lunes tres de julio, a las 9:35 de la noche, tres niños salieron de su casa, al parecer a causa de sonambulismo justo antes de que una fuga de gas en la cocina propiciara un incendio, para cuando su madre llegó ellos se encontraban dormidos en la banqueta de enfrente mientras los bomberos controlaban el fuego.
El chofer volteó un poco la cabeza y preguntó:
-¿No creen que esos niños lo que realmente querían era estar solos?
El otro pasajero retiró la mirada de la ventana y asintió con la cabeza como por inercia, mientras las ideas de Dante seguían dando numerosas vueltas.
Llegando a su casa botó todo lo que llevaba puesto y sin dejar de pensar en lo que había sucedido, se acostó, cayendo rápidamente en un profundo sueño.
Después de analizar todo lo que había sucedido el día anterior siguió reflexionando, algo de aquello debía tener alguna relación con el hecho de que él fuera ahora un dibujo, siguió pensando por tiempo indefinido, se dio cuenta de que no existía el tiempo, pero decidió dejar de pensar en la causa para dar paso a las consecuencias.
El punto decía:
-El punto es que soy un dibujo, ¿tendré que actuar como dibujo?, no, claro que no, es obvio que me puedo mover y hablar. Entonces recapitulando, el punto es que soy un dibujo viviente, mañana notarán mi ausencia en el trabajo y marcaran pero nadie podrá contestar el teléfono, mi jefe desistirá de llamarme y contratara a uno de los 10 aspirantes que deambulan por mi puesto, tengo la suficiente porción de leche, pan y mi mermelada favorita de piña así que no tendré que salir a conseguir alimento. ¡Pero un momento! -se detuvo dándole un salto el corazón como cuando se le ocurrían grandes ideas- los dibujos no comen, pero yo soy un dibujo viviente, tal vez de pronto sienta hambre y muera a causa de la falta de alimento y ¿por qué no me preocupa? ¿Es acaso que la razón me tranquiliza diciendo que los dibujos no mueren? O ¿a causa de que la tranquilidad de los dibujos ha causado estragos en mi parte viva? Mmm, eso no importa por el momento. ¡Ah!, esa es otra prueba de que definitivamente las cualidades de templanza que poseen los dibujos ahora me pertenecen.
Una pequeña sonrisa se convirtió en una enorme sonrisa, sus ojos se abrieron más y se levanto de un salto.
-Por fin soy libre, no necesito nada en absoluto, por fin podre terminar mi cuento y después de ese otro y después de ese otro, no habrá nada que me interrumpa, leeré todos los libros que se aburren en mi librero y podre resolver las ecuaciones que mi profesora de cálculo lineal no pudo.
De inmediato tomó un lápiz y se puso a escribir.
-Esta es la historia de Micri quien vivía solo en su cuarto divirtiéndose entre muchas letras, tenía una planta que era su amiga y regaba todos los días.
-También quiero tener un gato, siempre me han gustado los gatos y que de preferencia sea blanco así lo podría llamar Bola de nieve, también me gusta la nieve -dijo una vocecita chillona.
Dante detuvo su escritura ante la repentina intromisión de esa voz y preguntó.
-¿Quién me habla?
-Soy Micri, tu creación, ¿me has olvidado tan pronto?, eso sí que no lo creo, ¿pudiste recordar todo lo que te pasó ayer y no recuerdas lo que acabas de escribir hace un segundo?, eso se llama amnesia anterógrada o pérdida de memoria a corto plazo.
-Y si eres mi creación ¿cómo puedes saber más de lo que yo sé?
-No se más de lo que tú sabes, ese recuerdo pertenece a tus clases de psicología de la prepa, la única respuesta que tuviste bien de tu segundo parcial, sabes, es un poco aburrido ir a tu adolescencia pero me agrada ver tu carota llena de barros.
-Creo que deberías tenerme más respeto, de otro modo podría reconsiderar el darte un gato -respondió Dante molesto.
-No importa, un perro también estaría bien, que fuera salchicha porque los grandes me dan miedo.
-¡Ah! ya déjame continuar quieres Micri -dijo Dante con un enojo creciente -Ah sí, ¿en qué iba?
-En Micri y su gato Bola de nieve.
-¡Ah! cómo se supone que voy a terminar mi cuento si me interrumpes en cada momento, además Bola de Nieve es un nombre demasiado común para un gato y se pueden confundir otros gatos cuando llames a tu Bola de nieve.
-¡He dicho que me gusta la nieve y mi gato se llamará Bola de Nieve! -dijo Micri alzando la voz.
-¡Ah pero por qué gritas tanto!
-Dicen que todo se parece a su dueño-contestó Micri con tono burlón -pero hay algo importante que te quiero decir.
-Habla rápido antes de que agotes mi paciencia.
-Te quería decir que tal vez te deberías incluir en tu cuento, así seriamos cuatro, tu, yo, la Amiga planta y Bola de nieve.
-Sabes, no suena nada mal, aquí está un poco solitario y hace frio, en mi cuento puedo estar más calientito.
Dante continuó su historia, ya no era sólo él, Micri, la Amiga planta y Bola de nieve, se les habían unido el perro salchicha, una cocinera, pues ante todo tenía que estar presente el buen sazón de cada día, una bella trapecista que los divertía dando saltos en sus columpios prendidos del aire y una abuela que los cobijaba cada noche antes de dormir, todo era perfecto, Dante podía escribir y escribir, aunque a veces lo dejaba para leer, comer, platicar con Micri, jugar con Bola de nieve y el perro salchicha, regar a la Amiga planta y admirar a la trapecista, todo era perfecto entonces un día que sonreía como siempre por todo lo buena que era su vida dijo.
Por fin he dejado de estar solo -pero se detuvo de inmediato, algo extraño estaba pasando.
Recordó las preguntas que se había hecho la noche en que el cambio había sucedido, y repitió en voz alta:
-¿O es que a pesar de todo esto en realidad estoy solo?
Entonces todo era claro, nunca había estado más solo que en ese momento.
Sus ojos dieron un vuelco hacia atrás y sintió un fuerte dolor de espalada.
Para cuando abrió los ojos se encontraba acostado en su cama, ya no era un dibujo, Micri, Bola de Nieve, la Amiga planta, el perro salchicha, la cocinera, la trapecista, y la amable abuela estaban dentro de él, pero seguía estando solo, de pronto el teléfono sonó.
-¿Bueno?- preguntó con la voz adormilada.
-¡Nada de bueno, sabía que te habías quedado dormido Suárez!, eres un flojo, nunca te debí haber contratado, estas despedi.
Antes de que su jefe terminara de pronunciar la palabra fatídica, Dante colgó, se volvió a recostar en su cama desde donde veía una hoja blanca y un lápiz sobre su escritorio, tan clara como si la iluminara una luz especial, nuevamente una pequeña sonrisa se convirtió en una enorme sonrisa.

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