jueves, 25 de junio de 2009

Fuego nuevo

El sudor recorría mi cuerpo, pero más que una respuesta a mi agitación, podría ser el reflejo del hervor de mis emociones. El camino rodeado de árboles, todo parecía tener un aire diferente y tan placentero. Estar sentada en la pirámide y observar el valle, las nubes que nos envolvían tan de cerca, y él a mi lado ¿qué más podía pedir?, algo muy especial estaba sucediendo. Se escuchaban algunos secretos de la naturaleza. El aire que suavemente reconfortaba, los insectos cantando mientras rosaban las hierbas, los sonidos más diminutos llegaban al fondo de mi alma. Se fue el sol para cederle el paso a la sombra que lo hizo todo más agradable, y luego la lluvia… Había llegado el momento de regresar, qué pena. El otro mundo nos despidió con la misma solemnidad de hace 500 años. Nuevamente sentí la tierra y los árboles cómplices del fuego que brotaba de los dos.

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